martes, 3 de marzo de 2009

CÓMO EDUCAMOS A LOS HIJOS

Hace una semana recojo a mi hijo del colegio y me encuentro que su mochila esta rota. Una mochila de carrito; bueno, pues el carrito, que va soldado, estaba destrozado. Me enfadé con él por no cuidar sus cosas. Parece ser que mi hijo se coló en la fila, a su compañero le ofendió muchísimo y no se le ocurrió otra cosa que pegarle una tremenda patada a la mochila.

Me dice: tengo al niño apartado para hablar con su padre

Pero no conforme con ello, al salir de la clase de informática repite operación y la tira por las escaleras, con lo que terminó de romperla. Cuando veo la mochila, que por cierto es la segunda que lleva al colegio desde el inicio de clases, la cojo y se la enseño a la profesora. Me dice: "Sí, la he visto, tengo al niño apartado para hablar con su padre".

Estupendo ¿y conmigo cuándo iba a hablar? Porque si no soy yo la que protesta nadie me dice nada. Evidentemente le dije que quería una mochila, que si no la compraba el papá, que salia del fondo del material. He comprado un carrito de maletas para llevarla, vamos a ver si me lo pagan o tengo que ser más tremendista. Lo comenté con la profesora y me lo justificó todo, que los niños son muy crueles (a la prueba me remito), que son muy competitivos (¿tanto que son capaces de matar por un primer puesto?), me limité a decirle: "¿Entonces todavía tengo que dar las gracias que la patada se la dio a la mochila y no a mi hijo?, porque entonces estaríamos hablando de otra cosa, no te parece? La callada por respuesta.

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