domingo, 15 de marzo de 2009

EL RIDÍCULO NACIONALISTA

LOS nacionalismos, tanto más cuanto más a la izquierda se pretenden, tienden al ridículo. En un mundo globalizado y en una Europa con pretensiones de bienestar ciudadano tiene poco sentido, si es que tiene alguno, la prédica anacrónica y ombliguista de quienes quieren organizar el ritmo de la Historia con epicentro en Betanzos o en Mataró. Los nacionalismos de derechas son otra cosa. Algo no menos inquietante para quienes valoramos el rigor del Estado, la solidaridad de la Nación y el sentido de la Patria; pero más respetable y coherente. Cuando, hace noventa años, Vicente Risco, uno de los padres del nacionalismo gallego, pronunció su primer discurso público en la lengua de Rosalía lo hizo, precisamente, para sumarse a un homenaje a Francesc Cambó.
Si prescindimos de los nacionalistas vascos de izquierdas, ya que unos usan pistola y a los otros no les parece mal que así sea, las dos cabezas simbólicas del nacionalismo social y centrífugo español son Anxo Quintana y Josep Lluís Carod-Rovira. Dos personajes afortunadamente irrepetibles que le aportan variedad a la fauna política y, aunque no se les conoce ninguna iniciativa conducente al bien común, contribuyen al indispensable «más difícil todavía» del circo autonómico nacional. Puestos a buscar diferencias entre ambos, tarea harta de dificultades, podríamos llegar a la conclusión provisional de que Quintana resulta ridículo mientras que Carod es patentemente risible.
Carod, gran coleccionistas de instantes gloriosos, ocupó ayer espacio gráfico en todos los diarios españoles. Arrebatado por su apostólica pasión bilingüe recibió una lanza como señal de agradecimiento de los indios shaur por el millón de euros que el líder de ERC les llevó hasta Ecuador para mejor difundir la lengua catalana. Algún mérito tendrá la cosa puesto que unos cuantos millares de ciudadanos le respaldan con su voto; pero la estampa, insisto, es risible.
El sanitario Quintana es menos sutil. Ayer presentó su dimisión, y la de la Ejecutiva del BNG, como consecuencia del retroceso experimentado por el Bloque en las últimas elecciones. Así lo había pedido su antecesor, Xosé Manuel Beiras. Es un eslabón más en la cadena de un partido de génesis artificial y forzada, nada concordante con los precedentes nacionalistas de Galicia, y cuyo único contenido mensurable es el odio al PP. Una triste manera de vivir.

M. MARTÍN FERRAND

CAROD-ROVIRA CONTRA EL ESPAÑOL


Carod-Rovira
NO sólo tratan de acabar con el español en Cataluña, sino que intentan desterrarlo de los países donde se habla. El millón de euros que la Generalitat catalana acaba de destinar a «promover el bilingüismo de Ecuador» no es otra cosa que un intento de que los ecuatorianos vuelvan a su lengua nativa en detrimento del español. Ya me dirán ustedes de qué va a servirles el quechua cuando salgan de su país en busca de trabajo, a España, por ejemplo, donde forman una de las colonias más importantes de trabajadores extranjeros.
El intento sería cómico si no anduviesen por medio cuestiones tan serias como el bienestar de las personas. Ese millón de euros, unido a los otros muchos millones que la Generalitat destina a proyectos «culturales, educativos y productivos», estarían mucho mejor empleados en sanidad, alimentos, vivienda y formación profesional, en vez de en una lengua indígena que, o ya saben, o de muy poco va a servirles. Pero el fanatismo, la petulancia, osadía y estrechez de miras de personajes como Carod-Rovira, que es quien está detrás de los proyectos, lleva a tales disparates. Con el colofón grotesco de que para entenderse con las autoridades ecuatorianas con quienes ha firmado el acuerdo no ha tenido más remedio que hablar en español. Que es la lengua con la que se han abierto paso en el mundo los muchos catalanes que han triunfado en él.
Todo ello aparte del aspecto económico del asunto. En medio de la mayor crisis desde la del 29, con todos los indicadores advirtiendo que las cosas irán a peor, que conviene aquilatar gastos y apretarse el cinturón, la Generalitat catalana sigue invirtiendo millones y millones en pseudoembajadas, informes, escuelas, exposiciones, selecciones deportivas, viajes oficiales -ABC informaba ayer de que Carod ha realizado 25 en la segunda etapa del tripartito, con su correspondiente séquito, claro está-, todo ello destinado a negar el carácter español de lo catalán. Aunque España sea el mayor mercado de sus productos. Que se lo pregunte a sus fabricantes. Pero ¿qué les importa a los nacionalistas el bienestar de sus fabricantes y trabajadores, sean locales o extranjeros?
El estrambote del caso lo pone ese tripartito -presidido, no lo olvidemos, por un socialista- quejándose de no tener dinero. ¿Cómo va a tenerlo, si se lo gasta en estas memeces? Y, para colmo, pide más al Estado español. Es el esperpento a que nos ha llevado dar carta blanca a unos nacionalistas que constituyen un peligro, no ya para España, sino para los habitantes de sus comunidades y, como acabamos de ver, de algunos otros países.
Por cierto, ¿en qué idioma hablaron en Perpiñán Carod y los terroristas de ETA? Pues no creo que él sepa vasco, ni ellos, catalán.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL

sábado, 14 de marzo de 2009

EL ABORTO CONTADO POR SUS PROTAGONISTAS

Testimonios de mujeres que lo han sufrido, de la mano de Libros Libres
El aborto contado por sus protagonistas
Un libro que desmiente la mentira oficial del aborto


La cultura de la muerte, ésa según la cual la única salida para un embarazo no buscado es acabar con la vida del bebé, tiene muchos altavoces y portavoces oficiales y oficiosos. Según el pensamiento único, lo políticamente correcto para una mujer joven y soltera que se queda embarazada es abortar. Pero ¿qué le pasa después a esa mujer y cómo es llevada a esa -presunta- inevitable conclusión?.

Esperanza Puente aborda en su libro “Rompiendo el Silencio”, de la editorial Libros Libres, su caso personal, por el que ella también abortó y cómo eso le llevó a servir de ayuda a otras mujeres que pasan por la misma situación que ella atravesó. Con un lenguaje sencillo y directo, la autora cuenta cómo el gran error de su vida, abortar a su hijo, ha servido para algo: evitar que otros muchos bebés sean abortados por el miedo y desinformación al que se ven sometidas sus madres.

La lectura de esta obra da muchas claves para entender el destrozo psicológico que supone para la mujer someterse al aborto y cómo matado el bebé, éstas no vuelven a ser las mismas y presentan carencias de todo tipo: depresión, ansiedad, frustración, desconfianza y hasta promiscuidad. Y es que al aborto es, además de un ataque frontal a la vida de un niño, un acto de violencia contra la mujer a la que se la coacciona incluso por su entorno más inmediato para que se desahaga de un ser humano que algunos llaman ‘complicación’.

Entre los muchos casos que Esperanza Puente relata, está el de una pareja de adolescentes de poco más de 16 años en la que ella se queda embarazada y él comienza a sentir que terceras personas están teniendo más peso en decidir sobre la vida de su hijo que sus propios padres. Este caso enfoca además, el papel del padre en estas situaciones y cómo su actitud puede servir para que la mujer le dé una oportunidad a ese niño que viene o, por el contrario, recurra a la solución presuntamente más fácil de acabar con esa mal llamada ‘complicación’.

César Sinde Robledo

"FUERON TRES SEGUNDOS, PERO CAMBIARON MI VIDA RADICALMENTE"

María Vallejo-Nágera cuenta su conversión, en el pueblo bosnio de Medjugorje

“Fueron tres segundos, pero cambiaron mi vida radicalmente”


En una charla en el colegio Montealto de Madrid, Vallejo-Nágera contó a los asistentes cómo fue su conversión. “Antes de empezar, os quiero decir que yo soy una conversa”. Aviso a navegantes, una oración a la Virgen y comienza su historia. “Llevo casada 20 años, soy conversa desde hace diez y siempre he sido muy feliz. Tengo dos hijas de 18 años y un niño de 11 y he tenido muchísimos regalos de Dios. Unos padres maravillosos, alimento, educación…; nunca me ha faltado nada, pero vivía muy alejada de mi fe“.

María Vallejo-Nágera reconoce que en su casa eran “católicos sociales“. “Mi padre tuvo una enfermedad muy grave y se acercó muchísimo a Dios; recuerdo que cuando estaba muy enfermo, me dijo que le llevara a su cuarto el cuadro de un Cristo que estaba en el desván y yo pensé: ‘Pobre, fíjate lo que hace la morfina’. Entonces no tenía ni idea de lo que me iba a pasar años después”.

Después era en 1994, cuando María vivía en Londres, con su marido y sus hijos y se codeaba con la crème de la crème de la sociedad inglesa. De repente, unas amigas comienzan a hablarle de un pueblo pequeñito de Bosnia, Medjugorje. Organizan un viaje, al que María no va. “Lo primero que noté cuando volvieron fue que seguían siendo las mismas, pero ya no les apetecía ir todo el día de tiendas, a restaurantes caros… Pensé: ‘¡Qué aburridas os estáis volviendo!’. Ellas me decían: ‘María, siendo católica, tienes que venir a Medjugorje’”. Porque allí, en ese pueblito pequeño y feo había una comunidad de franciscanos y se aparecía la Virgen desde el año 81. Por eso las amigas de María, que se habían acercado a Dios en Medjugorje, querían que ‘la católica española’ fuera con ellas.

¿Por qué tienes miedo de mí?

Y lo consiguieron. “Estaba en un restaurante con ellas. Nunca olvidaré ese día, acababa de publicar mi primera novela, que quedó quinta en el Premio Planeta. Era una novela atea, que se metía con el clero. Quedó a cinco puntos de ganar y yo me quedé sin cien millones de pesetas. Hoy doy gracias a Dios por no haber ganado, porque esa novela es divertida y mala, mala de maldad”. “Estaban intentando convencerme para que fuera con ellas. Yo decía: ‘¡Pero qué pesadas!… “Subí al avión refunfuñando, pensaba que no pintaba nada allí y decía ‘la Iglesia es muy suya, éstos seguro que quieren sacar dinero!’”. Ésa fue la María que aterrizó en Medjugorje; la que volvió a Londres era muy, muy distinta.De repente, y esto fue así, no me da vergüenza decirlo, escuché una voz de mujer muy dulce que me dijo: “¿Por qué tienes tanto miedo de mí si te estoy esperando?“. Se me cayó el tenedor; yo pensé: ‘Ha entrado una camarera española’, pero no, no había españoles. Me giré y detrás de mí estaba Mick Jagger, el de los Rolling, y no me pegaba mucho que él me hubiera dicho eso…”. María lo cuenta en tono de humor, pero reconoce que en ese momento pensó que se estaba volviendo loca. “Sin saber por qué dejé el tenedor y dije: me voy con vosotras”.

“El primer día estuve insoportable, el pueblo me pareció horroroso, me aburrí mucho, pensaba en todas las cosas que tenía que hacer…”. “Fui a la misa de la mañana, estuve haciendo fotos y cuando terminó, nos dijeron: ‘Corred, que los videntes van a dar una conferencia’. Me picó la curiosidad; iba corriendo para estar en primera fila y ver cómo era el vidente, y en ese momento tan frívolo y tan alejado de Dios viví tres segundos que han cambiado radicalmente mi vida”. “Iba andando y todo lo que estaba a mi alrededor se paró; los pájaros, el ruido de la gente, como cuando se engancha una película. Noté una necesidad increíble de mirar al cielo y en cuanto subí los ojos, me invadió el cuerpo, el alma, absolutamente todo, un infinito amor de Dios, un rocío de amor”.

Es verdad que María se emociona en las conferencias y llora. Pero se traga las lágrimas y continúa su historia. “No tengo palabras para describir lo que sentí en esos tres segundos, yo creí que me moría. Era un amor infinito, en ese momento el amor que yo sentía por mi marido -que es lo que más quiero en este mundo- se había quedado pequeñito comparado con ese amor que me había caído del cielo. Creo que no notamos cuánto nos ama Dios porque cualquier persona que lo note no quiere seguir viviendo, quiere irse con Él”.

Hambre insaciable de Dios

Tardó seis meses en contar esta experiencia a su marido; incluso pensó que la pizza que había comido horas antes podía tener alguna droga. María no se creía lo que le estaba pasando, pero “a partir de aquel segundo”, cuenta que “tenía un hambre insaciable de Dios”. Un sacerdote le dijo que había vivido una conversión “tumbativa”. “Me sentaba delante de un sagrario y me quería quedar ahí toda la tarde, de repente había que rezar el rosario en mi casa todos los días…”.

Y por ahí -danzando- estaba un libro que se había quedado a las puertas de ganar el Planeta y en el que María ponía ‘a caldo’ a la Iglesia. A grandes males, grandes remedios. María recompró los derechos de ‘El patio de los ángeles’ y cambia el final. “¡Ahora el cura era buenísimo!”, reconoce sonriente. “Dije: ‘Nunca más, Señor; si Tú me has dado el don de la escritura, desde el día de hoy sólo voy a escribir para Ti”.

De Medjugorje volvió una nueva escritora. Y con ella llegaron El castigo de los ángeles (2001), Un mensajero en la noche (2003), Luna negra (2004), La nodriza (2006) y Entre el cielo y la tierra (2007).

Fue criticada por las editoriales que antes la habían encumbrado (hoy su tercer libro va por la 20ª edición), se sintió sola (hoy pide que no le manden más amigos, porque no da abasto)… Ha vivido una experiencia, la de Dios, que le ha hecho ser la María Vallejo-Nágera que llora en público y emociona a la audiencia.

Rosa Cuervas-Mons

EL GRAN RABINATO DE ISRAEL, CON EL PAPA


Benedicto XVI se ha reunido en varias ocasiones con líderes judíos.

Su viaje a Tierra Santa, una ocasión para el diálogo y la paz

El Gran Rabinato de Israel, con el Papa| ALBAdigital

Benedicto XVI ha recibido a las delegaciones del Gran Rabinato de Israel y de la Comisión para las Relaciones religiosas con el Judaísmo. En la audiencia, el Pontífice ha aprovechado la ocasión para expresar su deseo de que su próxima visita a Tierra Santa del 8 al 15 de mayo se convierta en una oportunidad para reforzar la paz y el diálogo interreligioso.

“Visitaré Tierra Santa como peregrino -ha destacado el Papa- para rezar especialmente por el precioso don de la paz y de la unidad en la región, y también por la familia humana en todo el mundo”. “Espero que mi visita contribuya a profundizar en el diálogo de la Iglesia con el pueblo judío, para que judíos, cristianos y musulmanes puedan vivir en armonía en esta Tierra Santa”, ha inistido.

Además, el Santo Padre ha resaltado los frutos producidos en el diálogo judeocristiano. Un diálogo que, como señala la Declaración conciliar Nostra Aetate, es necesario y posible, ya que estas confesiones poseen un rico patrimonio espiritual común.

“Trabajando juntos os habéis dado cuenta cada vez más de los valores comunes que constituyen la base de nuestras respectivas tradiciones religiosas, estudiándolas a lo largo de los siete encuentros celebrados en Roma o en Jerusalén”, ha señalado el Pontífice. “Habéis reflexionado sobre la santidad de la vida, los valores familiares, la justicia social y el comportamiento ético, sobre la importancia de la palabra de Dios en las Sagradas Escrituras para la sociedad y la educación, las relaciones entre las autoridades civiles y las religiosas y la libertad de religión y de conciencia“, ha añadido.

Por último, Benedicto XVI ha recordado que en las declaraciones comunes, al final de estas reuniones, se han evidenciado las ideas radicadas en ambas convicciones religiosas y al mismo tiempo las diferencias que todavía se tienen que afrontar.

CLAUDIA KOLL O CÓMO UNA CONVERSIÓN CAMBIA UNA VIDA


Una actriz italiana que hizo cine erótico

La diva del cine ha descubierto una nueva dimensión en su vida personal y profesional
ALBAdigital

Entre los muchos cambios que han llegado a su vida tras su conversión, Koll está implicada en la nueva academia de espectáculo Star Rose Academy, con sede en Roma, que pretende formar a jóvenes artistas profesionalmente, presentando valores profundos. Claudia Koll, nacida en Roma el 17 de mayo de 1965, tras estudiar actuación con Susan Strasberg y Geraldine Baron en el Drama Course, así como con Yves Le Baron en “Le Coq School”, desempeñó su primer papel de cine como protagonista en 1992 en un filme erótico de Tinto Brass.

Actriz de teatro, cine y televisión ha destacado al lado de Antonio Banderas en la cinta para televisión “El joven Mussolini”. Ahora bien, después de una larga trayectoria en el mundo del espectáculo se dio cuenta de que algo le faltaba y cambia su vida así como su trabajo. Inicia acciones de voluntariado y de beneficencia en varias partes de África e Italia. Su vida toma un nuevo rumbo pero no deja su carrera de actriz, según informa Zenit. Hoy explica qué significa ser actriz desde esta nueva óptica cristiana. “Significa no tener miedo a ser uno mismo, a encontrar un modo personal de actuar, y no de acuerdo a los modelos fijos, sino hacer un viaje al interior y, cuando se es auténtico en la búsqueda de sí mismo, necesariamente se busca también a Dios”, comenta.

El encuentro con Dios

Koll recuerda que su proceso de conversión “fue un periodo en el que dejé de trabajar porque no recibía guiones interesantes, con personajes positivos que pudiera interpretar. Me llegaban, en cambio, lecturas, por ejemplo, del Cantar de los cantares, un libro de la Biblia, muy bello, maravilloso. Para interpretarlo era necesario estudiar, profundizar, porque cada palabra es densa, está llena de significado pero también era necesario rezar”. A partir de ahí “he tenido que aproximarme al texto no de manera superficial sino estudiándolo y también rezando. Y esta armonía de estudio y oración me puso en contacto con la profundidad del Espíritu Santo”, confiesa.

Respecto a su trabajo como profesora en Roma de una Academia para jóvenes promesas basada en valores, reconoce que su objetivo es enseñar a la luz de su experiencia personal. La actriz precisa que “En el pasado hice cursos de actuación clásica italiana y americana que son de algún modo una enseñanza de acuerdo al método americano de ‘vivir el personaje”. Ahora su método de enseñanza, aclara, se ve enriquecido por la visión cristiana, pues, “el Señor me liberó de tantas ataduras”. Agrega que el Espíritu Santo se ha convertido ahora en su guía incluso en la interpretación de un personaje.

Con la conversión “vi que el Señor me estaba enseñando, y me decía que me acompañaba con su Espíritu, no sólo por lo que suponía la posibilidad de ser testigo del encuentro con Él, sino también en mi trabajo, porque el Espíritu Santo está siempre con nosotros, y entonces es necesario aprender a comunicarnos con Él, a dejarnos guiar por Él. Esta es la riqueza más grande que el Señor me ha dado en mi trabajo”.

DE ULTRA Y VIOLENTO.... A PACÍFICO Y SACERDOTE


Estas manos han pasado de apalear a bendecir. ¿Un milagro?

Fue jefe de ‘bateadores’ en su barrio; hoy es cura en una iglesia de pueblo

De ultra y violento… a pacífico y sacerdote

Una chica, de la que estuvo enamorado, tuvo mucho que ver en su cambio de vida

Sus antiguos camaradas saben perfectamente dónde encontrarlo. O sea, que no es por miedo que desea permanecer en el anonimato (¿miedo, él? ¡De qué!). Es porque hay varias productoras interesadas en llevar su vida a la pantalla y él lo único que quiere es dedicarse enteramente a su vocación. Entendemos el interés de los guionistas; pocas veces se encuentran historias así: una adolescencia de odios y violencias, el amor de una chica que le devuelve a la fe, un encuentro personal con Cristo…

Nunca fue delegado de clase, pero tenía madera de jefe. Quizás porque pegó el estirón muy pronto, quizás porque, año tras año, ocupaba, castigado, los primeros bancos de clase. Fuera lo que fuese, algo en él hacía que los demás lo tuvieran en cuenta. No sólo los de su curso, también los mayores. Y, entre éstos, los de peor reputación, los que salían los fines de semana a pegarse. No para ser los duros de la discoteca, sino movidos por un afán superior: España. Estaban llamados a salvar a la patria. O eso decían ellos. Esta historia arranca en Madrid con la década de los noventa.

¿Qué niño de once años hubiera dicho que no a andar con malotes de dieciséis y diecisiete, aunque fuese de mascota? Y con razón cuando las perspectivas a corto plazo eran ser uno más de la tribu. Aunque para eso no bastaba con apuntar maneras. Aquí, el valor, a diferencia de en la mili, no se suponía, había que acreditarlo. Por eso, una tarde, al salir de clase, le llevaron frente a un cajero automático y le dieron un bate de béisbol. No era un rito de iniciación. O no sólo. Era un test de patrioterismo callejero. Lo pasó con nota: en pocos minutos, donde antes había habido una máquina expendedora de billetes, sólo quedaba un hueco.

Limpiar España

Lo siguiente fue una serie de visitas guiadas al Madrid de los Austrias, con alguna escapada a la sierra, donde la lectura de los clásicos fascistas siempre es más reposada. Sin olvidar el adiestramiento en técnicas de lucha, que no estaban las calles para vivir de las rentas de un pasado glorioso hecho piedra, cual boy scouts ideologizados. Por si el cachorro tuviera dudas, una noche lo llevaron a los bajos de plaza de España. Comenzaban a llegar a nuestro país los primeros inmigrantes y los negros que allí acampaban, envueltos en mantas y cartones, se prestaban a la metáfora racista: sanguijuelas pegadas a la piel hermosa de la madre patria. ¡Afuera con ellos!

Una empresa de tales magnitudes -limpiar España- necesitaba un plan pegado a la realidad: había que ir barrio por barrio. A él lo encuadraron en la patrulla que vigilaba las calles del suyo, Argüelles, donde vivía con sus padres. No era ésta la única partida de la porra que operaba en Madrid. La misión de éstas era doble: reclutar cruzados para la causa y mantener la ‘chusma’ a raya. Para lo primero, se exigía diplomacia, don de gentes, capacidad de liderazgo; para lo segundo, un manejo del bate propio de un jugador de los Yankees.

Nuestro protagonista enseguida marcó estilo. Antes de cumplir los trece, era un mago de la persuasión y la violencia, lo que le hizo ir subiendo puestos en el escalafón, hasta ocupar la jefatura de la patrulla de su barrio. Entonces supo que aquello no era un juego. Empezó a ir a sitios a los que no todos iban, reuniones con peces gordos que le daban palmadas en la espalda y le decían “muy bueno lo tuyo, chaval, trátame de tú”. Le habían avisado de que no era fácil llegar hasta allí. Lo que nunca nadie le había dicho -ya lo comprobaría él- es que más difícil era salir.

Una sonrisa de oreja a oreja

Si le preguntas en cuántas peleas estuvo metido los años -seis, casi siete- que duró su aventura ultra, te dice que perdió la cuenta. Sólo sabe que no mató a nadie y que siempre corrió más que la Policía. Sí recuerda que la violencia era adictiva y le generaba ansiedad, que él paliaba a base de remedios seculares: sexo, drogas, alcohol… También recuerda broncas en las que pensó si no sería otro el que pegaba. No habla de posesión maligna, pero sí de influencia. Además de esto, con frecuencia llegaban del alto mando órdenes que nada tenían que ver con la misión salvadora de la patria. Él, como buen soldado, no las discutía: las ejecutaba. Pero empezaba a no entender algunas cosas. Cada vez le costaba más llegar a casa, reconocerse en el espejo, dormir de un tirón.

Sus padres nunca le preguntaron en qué líos andaba, quizás por lo evidente de la respuesta: su cuarto se había convertido en un búnker y él ya no era un ángel. Como trataran de imponerle su autoridad, era capaz de levantar la voz. O la mano. Ellos, lejos de amilanarse, decidieron actuar. Y lo hicieron siguiendo una política de hechos consumados: por su cuenta, sin consultarle nada. El colegio al que había ido desde niño se había convertido en el cuartel general de la patrulla, así que lo llevaron a un instituto a las afueras de Madrid. Para asegurarse de que iría a clase, al cambio de centro siguió uno de domicilio. No se lo perdonó, al menos durante el año que estuvo sin dirigirles la palabra.

La idea que de nuestro protagonista se hicieron sus camaradas fue letal: ya no era él quien llevaba los pantalones en casa. Luego era débil. Merecía el mismo trato que un inmigrante, que un yonqui, que un travesti. O uno peor, pues sabía demasiado. Que se cuidara mucho de dejarse caer por ciertas calles. Ahora sí que no entendía nada. Su aterrizaje en el instituto, con el curso ya empezado, no ayudó a que se le aclararan las ideas. Aquello le pareció un nido de hippies y de rojos. Por más que nunca había participado de la estética skin, cualquiera podía leer la crónica de los últimos años de su vida: la llevaba escrita en la mirada, endurecidísima; tanto, que nadie se atrevía a mantenérsela. Salvo esa chica que, cada mañana, le saludaba con una sonrisa de oreja a oreja. El detalle le enamoró. ¡A él, para quien las mujeres habían sido carnaza, el reposo del guerrero urbano!

Ella se lo dejó claro desde el minuto cero: quería su amistad, nada más. Él, con tal de que fuera suya, se pegó a sus amigos, un grupo de parroquia. Estaba dispuesto a todo. Bueno, a todo todo… Una vez ella le pidió que la acompañara a una pascua juvenil y él, queriéndola mucho, le dijo que no. A cambio, ella le hizo prometer un dibujo de Jesús en Getsemaní. Mientras lo dibujaba, se encontró con un hombre solo, al que traicionaban sus amigos, pero que moría por amor. A él también le habían dado de lado, pero, a diferencia de Cristo, seguía lleno de odio. Allí, en la soledad de su cuarto, por primera vez en años, rompió a llorar. No sería la última vez.

“Si quieres hacer reír a Dios…”

En otra ocasión ella y sus amigos le pidieron que les acompañara a la parroquia a echar una mano con unas cajas. En esas estaba cuando reparó en un cartel mal colgado en el tablón. Al ir a colocarlo, pudo leer: “Confesiones los miércoles después de misa”. Y pensó: “A mí es imposible que me perdonen”. Días después, y con la misma decisión con que había liderado tantísimas acciones de comando, fue a ver al cura. Quería pedirle que dejara de colgar cartelitos para engañar a los incautos, no fuera a ser que alguno se lo creyese y se hiciera ilusiones. El sacerdote, lejos de echarle con cajas destempladas, le oyó en confesión.

¿Cuándo había sido la última vez? ¡Ni se acordaba! Los pecados no los dijo, los vomitó. Llevaban ahí tantísimo tiempo pudriéndose, pudriéndole, que vaciarse de ellos fue un alivio. Mientras el cura le daba la absolución, quiso haberle dicho: “Pero ¿qué hace? ¿No ve que doy asco?”. Aunque sólo acertó a llorar. Quizás porque empezaba a entender algo: había sido salvado. Salió de allí con la expresión que era otra. ¡Por fin podían mirarle a la cara!

Mirarte a la cara. Cuando te has pasado tantos años metiendo miedo, nadie lo hace. Al principio, que no se atrevan, es un subidón. Luego puede llegar a desesperarte hasta el suicidio. Eso le pasó a aquel correligionario suyo que se tiró de lo alto de la Torre de Madrid para que, al reconocerle, tuvieran que mirarle a la cara. Así lo dejó escrito en una nota de despedida. ¿Por qué no había tomado él la vertical que va derechita a la muerte? En la respuesta a la pregunta tantas veces repetida estaban sus padres y la chica de la sonrisa. Y, mezclado con ellos, al principio de fondo, luego bien de cerca, Jesús.

Su encuentro con Él le cambió la vida, que ya no era algo que tirar a la basura, sino que proclamaba la grandeza de Dios. Dos mil años después, Cristo seguía operando milagros. Tras una adolescencia de odios y violencias, nuestro protagonista se apuntó a un curso de confirmación y comenzó a ir a misa; un verano volvió de las misiones con un montón de fotos en las que salía jugando con niños negros (¡qué hubieran dicho los camaradas!); su búsqueda de la belleza (”El mundo será salvado por la belleza y la belleza es Cristo”, Dostoyevski) hizo que se matriculara en Historia del Arte; al acabar la carrera, entró de profesor en un colegio; años atrás, la chica de la sonrisa había terminado cediendo; sonaban campanas de boda…

Aquí encaja la primera frase de la película Bella: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Oyendo misa en la catedral de Santiago, supo que el Evangelio seguía hablando. Aquella peregrinación había sido accidentada. En un alto en el camino, ya en el tramo final, cuando se duchaba, le robaron todo. Y allí estaba él, en la cripta, con ropa prestada, atento a la lectura del día. “No llevéis bolsa, ni morral, ni sandalias…”. Dios le pedía más. ¿Qué? De momento, cortar la relación con su novia.

En el seminario

Sentía que su corazón estaba hecho para amar a más personas, le iba la vida de parroquia más que la del hogar, un amigo suyo acababa de ordenarse sacerdote… ¿Acaso…? Por preguntar… En el seminario le dijeron que lo fuera mirando, sin prisas. Durante un curso, todos los sábados, a espaldas de sus padres, estuvo yendo a Introductorio. Un día, después de clase, le pidieron que se quedara. Pensó: “Ya está, no tengo vocación”. “Si quieres, empiezas mañana”, le dijeron. Al llegar a casa, le preguntó a su madre dónde guardaba las sábanas. “En el armario, ¿por?”. “No, por nada, porque mañana me marcho al seminario”. En un punto del infinito, allá donde se cruzan las paralelas y el viento da la vuelta, resuena aún la bronca de sus padres.

Esta vez los que a punto estuvieron de retirarle la palabra fueron ellos. En cinco años fueron a verlo dos veces al seminario. Una cosa es que fuera a misa todos los días -ellos, encantados- y otra que se metiera a cura. Sin embargo, hoy no quieren otra cosa para su hijo: lo ven tan feliz, tan en su sitio… Así también debieron de verlo los dos energúmenos que se colaron en su ordenación. Fueron a reventársela… y salieron hechos un lío. En los viejos tiempos, su amigo no hubiera dudado en llevarse por delante a quien se pusiera en medio. Ahora estaba dispuesto a entregar la vida. ¿Por qué? Quién sabe, quizás insistieron en la pregunta y ellos también llegaron a la única respuesta posible: Cristo.

Gonzalo Altozano