sábado, 14 de marzo de 2009

CONSEJOS INFALIBLES PARA TENER HIJOS DELINCUENTES O IMBÉCILES

Consejos infalibles para tener hijos delincuentes o imbéciles
Aún fresco el editorial de ALBA de la pasada semana sobre el descriterio y descomposición de nuestro tejido conyugal y familiar, como uno de los factores patógenos de la delincuencia juvenil, ocurre en Huesca otro suceso muy significativo. Resulta que cuatro jóvenes -dos menores y los otros dos hermanos- se ponen a orinar sobre un coche (a las 15:56 en la calle Quinto Estrecho). Un transeúnte de 72 años, que ve la gamberrada, les recrimina la acción. Resultado: los cuatro angelitos agreden al anciano, que tiene que ser hospitalizado con la cara y un brazo rotos. Menos mal que en Huesca -¿qué habría ocurrido en una megalópolis española?- todavía hay ciudadanos que acudieron a socorrer al agredido y llamaron a la Policía, que detuvo inmediatamente a los violentos y precoces delincuentes, poniéndolos a disposición judicial. Y mucho mejor la intervención del Justicia de Aragón, Fernando García Vicente, que hizo un llamamiento general a la ciudadanía en general y a los jóvenes en particular para encarecer el respeto debido a otros conciudadanos, en especial si son ancianos o más indefensos.Es excelente -por eso lo subrayamos- el diagnóstico del Justicia Mayor de Aragón, que recuerda a todos que el hogar debe ser la principal escuela de convivencia, por encima de las limitaciones de tiempo que impone la sociedad contemporánea, insistiendo en que el hogar debe ser el ámbito donde se inculquen valores relacionados con el respeto a los demás, la autodisciplina, la satisfacción por el trabajo bien hecho y la tolerancia ante la frustración.

Quizás en un exceso de atrevimiento podría ocurrírsenos sugerir que dicho Justicia Mayor de Aragón sustituya a la ministra Cabrera al frente de Educación con el fin de inyectar una dosis masiva de sensatez a la actual concepción zapateril de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Podría, alternativamente, sustituir al ministro Soria en Sanidad -donde no es necesario acreditar un currículum veraz-, con la misión de poner en cuestión, al menos, el dogma zapateril de que los adolescentes adquieren autodisciplina y gobierno personal en materia afectiva y sexual mediante el procedimiento de atiborrarles los bolsillos -con dinero público que “no es de nadie”- con cantidades ilimitadas de condones, abortivos del día después o abortos a espaldas del conocimiento paterno.

Considerando que existe -como se diría en jerga judicial- la alta probabilidad de que el Gobierno Zapatero se ratifique en la segura convicción de que no conduce a España al paro masivo, al empobrecimiento de los patrimonios y ahorros de la clase media y popular, ni a la ruina económica. Considerando, además, que no es menor la posibilidad de que el dueto Zapatero-Zerolo, acompañados del resto de su orquesta de cámara, se ratifiquen en las bondades procreativas, educativas y en los extraordinarios servicios sociales que prestan sus recomendadas alternativas a la familia estable de fundación matrimonial entre varón y mujer dotada de varios hijos de los que padre y madre se responsabilizan gratuita, generosa y sin queja alguna. Teniendo en cuenta dichos extremos, apuntamos a continuación algunos consejos para padres y madres, solteros y solteras, monoparentales y homosexuales que deseen garantizarse unos hijos de excelente necedad, alta agresividad, sobresaliente impertinencia y precocidad delictiva. Ahí van.

Primero. Tenga absolutamente prohibido en el hogar la más mínima referencia a la moral natural o a la religión, sobre todo a la católica. Ármese del argumento de la libertad, según el cual no hay que decirles nada durante la infancia y adolescencia para que así, cuando sean ya mayores de edad, puedan elegir por sí mismos sin influencia alguna de sus padres. Ni se le ocurra sospechar que los menores, como los árboles, necesitan cuidados y poda. Crea a pies juntillas que si los padres no dicen nada, nadie -ni siquiera la tele y el resto- dirá nada y crecerán como una página en blanco, buenos y perfectos por pura naturaleza espontánea. Sea crédulo con eso, por favor, y no eduque.

Segundo. ¿Cómo se le ocurre pensar, simplemente por ser su padre o madre, que tiene derecho y mucho menos deber de educar a sus hijos? ¿No se da cuenta, pajarito ingenuo, que educar le obligará a usted a asumir responsabilidades y dar ejemplo? Sea listo, déjeles a sus anchas y así también sus hijos le dejarán a las suyas. Quien no pide explicaciones tampoco tiene que darlas.

Tercero. Adopte costumbres progre-saludables en su casa. Sugerencias concretas. No regañe nunca a sus hijos, no sea que se enfaden y se le pongan violentos. Consiéntales todo lo que pidan, especialmente si se lo exigen con violencia. Favorezca la espontaneidad de las palabrotas y tacos. Muéstrese complaciente con su desorden, apatía y vagancia. Favorezca sus burlas del prójimo. Elogie como astucia sublime y señal de éxito en la vida todo cuanto sea vivir a expensas del trabajo, orden y sudores de los demás. Si localizan una virtud, sea implacable y califíquela de hábito facha, religioso y medieval. No olvide lo de medieval. Consienta pasivamente, o mejor introduzca activamente con su propio ejemplo, pornografía y basura mental. Desentiéndase de ellos anclándoles al televisor. Nada de lecturas de ningún autor de buena nota, fama o clásico. Mejor si no saben apenas leer y escribir o se agobian a la segunda línea.

Cuarto. Prohibida la austeridad, el ahorro y el trabajo. El dinero es lo más importante en la vida, el verdadero dios. Por dinero, todo el mundo se vende, porque todo tiene su precio. En esta adoración al Money o pasta gansa, no teman los padres contradecir el principio de libertad religiosa enumerado en primer lugar. Cuanto antes los hijos practiquen el culto al becerro de oro y pongan precio a todo, en especial a las personas, antes sus hijos estarán educados en no ver al prójimo, incluyendo a sus padres, abuelos y hermanos, más que en términos de pura utilidad. Verán cómo pronto sus hijos tienen ganas de darle una paliza a un viejo, a un indigente o a un deficiente.

Quinto y basta por hoy. Coja a su pareja, mejor si es su madre o padre naturales, e insúltense, sin límite a respeto ninguno, en presencia de sus hijos. Es excelente si, además, llegan a la manos, puños y patadas. Recuerden que la violencia es espontaneidad y genera confianza íntima entre toda la banda. Los resultados son extraordinarios si acompañan la severidad de las palizas y lesiones con ingesta de porros, alcohol u otras drogas.

P.D. Siguiendo estos infalibles consejos, estimados padres, tendrán más temprano que tarde la excelsa experiencia de visitarles en la cárcel, pasando con ellos ahí más tiempo -la visita quincenal- del que les dedicaban cuando estaban en casa. Felicidades.

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