miércoles, 8 de abril de 2009

EL ARTISTA CUENTA QUE UN DÍA SE DIO CUENTA DE QUE SER CATÓLICO ES "UNA MARAVILLA"



"De mi fe doy testimonio entre bambalinas"

El artista cuenta que un día se dio cuenta de que ser católico es "una maravilla"

Paul Ponce: “Dios es el mejor malabarista”

Paul y su mujer llevan una profunda vida de piedad, de oración y Misa diaria
Gonzalo Altozano


Su vida sacramental acredita el nomadismo al que le obliga la vocación que heredó de sus mayores: fue bautizado en Lima, hizo la Primera Comunión en Londres, se confirmó en Bahamas y contrajo matrimonio en Montserrat. De su dilatada carrera quizás se quede con la vez que actuó frente a Benedicto XVI y con su interpretación del malabarista de Notre Dame. Con Lia, su mujer, ha puesto en marcha un curioso proyecto evangelizador: una colección de camisetas con las frases más impactantes de Cristo (www.owac-tees.com). Tras la pista de Paul Ponce nos puso Ana Aznar, de Hacer Familia.

-De jovencito soñaba con la fama, el dinero, las mujeres…
-Hasta que me di cuenta de que por sí solo nada de eso te llenaba.

-La plenitud, ¿dónde la encontró?
-En Dios.

-¿Cómo fue?
-Desde niño me sentí inclinado por lo trascendente. Cuando alguien hablaba de Dios, yo escuchaba atento. Pero luego seguía con mi vida…

-¿Cuándo se plantó?
-Cuando me confirmé. Al principio me planteaba el sacramento como un requisito burocrático, hasta que empecé a hacerme preguntas sobre Dios, la Virgen, la Iglesia…

-Y las respuestas…
-Abrieron mis ojos, me hicieron decir: “¡Wow! ¿Ser católico significa creer en esto? ¡Pero si es una maravilla, un tesoro!”.

-Después de la Confirmación, ¿qué?
-Me sentía tan bien que iba todos los días a la iglesia a dar gracias a Dios. Y a pedirle que guiara mis pasos.

-¿Adónde le llevó?
-A un grupo de jóvenes del Regnum Christi, a los que conocí en Montecarlo. Estos chicos daban un año de su vida para ayudar a la Iglesia como misioneros laicos.

-Y usted se apuntó al plan.
-Después de todo lo que Dios me había dado, era lo mínimo que podía hacer por Él.

-Aquel año fue…
-El mejor de mi vida: descubrí que la felicidad no estaba en recibir, sino en dar. Olvidarse de uno para encontrarse. ¡Qué bonita paradoja!

-¿Le costó volver al mundo del espectáculo?
-Lo hice con otras miras: ya no pensaba en la fama, el dinero, las mujeres, sino en evangelizar.

-¿Desde el escenario?
-Más bien entre bambalinas, ante los artistas, dando testimonio.

-¿De qué manera?
-Mostrándome feliz, despreocupado de las cosas del mundo, pendiente sólo de las de Dios, compartiendo los dolores y las alegrías, estando allí cuando mis compañeros me necesitaran.

-¿Nunca le han mirado raro?
-En el mundo del espectáculo, donde hay de todo, suelen respetarse las creencias. Es verdad que alguna vez alguien ha podido hacer un comentario negativo sobre, qué sé yo, la Iglesia.

-Ante eso, ¿qué hace?
-Defender mi fe, aunque me cueste. Al Espíritu Santo le pido que me ilumine y a Dios Padre ayuda para amar a esa persona, por la que su Hijo también murió.

-¿Tienen que ver sus estudios de Teología con su empeño por defender la fe?
-Estudio Teología por la necesidad de fundamentar nuestras convicciones, más en los tiempos que corren. También estudio por afición.

-Y por correspondencia.
-Es que la vida que llevo…

-Ahí quería llegar: ¿la fe exige raíces?
-Sólo en Dios, pero no en sitio alguno. En esta vida estamos de paso, somos peregrinos. Por eso la fe hay que cultivarla estemos donde estemos. ¿Sabe qué?

-¿Qué?
-Me encanta ir a misa en Japón y pensar que la liturgia es la misma que la de la iglesia a la que van mis padres en España.

-¿Quiere para sus hijos la vida que ha llevado usted?
-Eso me preguntó una vez el director de un casino.

-¿Qué le respondió?
-Que quería que mis hijos fueran felices. Y que la única forma posible es haciendo la voluntad de Dios.

-Conclusión: la vida nómada no es incompatible con el catolicismo.
-Mi mujer y yo tenemos una vida de piedad bien definida: oraciones, lectura espiritual, meditación, rosario, misa diaria…

-Si no fuera por eso…
-No estaríamos donde estamos. Mantener el fuego evangelizador no es fácil. De ahí la importancia de hacer uso de los medios que Dios, respetando nuestra libertad, nos pone al alcance.

-Hablando de rezar: usted lo hace antes de salir a escena.
-Sí, y de una forma natural, nada forzada, como el que habla con un amigo, con su mejor amigo. Le pido sobre todo que lo que vaya a hacer en el escenario sirva para un bien mayor.

-Le gustará saber que ustedes, los malabaristas, tienen un patrón.
-San Juan Bosco, sí, que era fantástico porque después de hacer malabares ante los jóvenes les invitaba a misa.

-¿Y Dios? ¿Qué tal malabarista es?
-¿Dios? ¡Un fenómeno, el mejor! El mundo está como está y a Él no se le escapa una sola plegaria.

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